Domingo XII - Tiempo Ordinario - Ciclo A - Koinonia

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Domingo XII - Tiempo Ordinario - Ciclo A

Del santo Evangelio según san Mateo (10,26-33):
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos".

Pbro. Dr. Julio César Saucedo

Reflexión:
El presente texto evangélico, está inscrito dentro de una grande sección sobre la misión; cuyo núcleo central radica en la confesión de Cristo, que implica no sólo los labios, sino toda la vida del discípulo; superando, con ello, toda adversidad.
De hecho, para comprender este pasaje bíblico, habrá que recordar que, cuando Mateo está escribiendo el Evangelio, las primeras comunidades cristianas –la Iglesia naciente– ya está teniendo la experiencia amarga de la persecución. Además, hacia el año 70 se hizo público un decreto del judaísmo oficial, en el que se expulsaban de las sinagogas a todos aquellos que creían en Jesús; mientras que, al interno de las familias había disensiones y divisiones.
Por este motivo, resulta bastante significativo que, en la estructura del texto, se repita, en tres ocasiones, la expresión: «No tengan miedo», presentada en la traducción litúrgica por «no teman».
La primera de ellas dice: «No tengan miedo de los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas». Si notamos, la invitación a no tener miedo, está sustentada en el anuncio de la palabra proclama por Jesús, que no puede permanecer oculta; al contrario, escuchar la Buena Nueva trae consigo un dinamismo que no puede ser encadenado por el miedo, la frustración y la angustia.
En una segunda ocasión, dice: «No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y cuerpo». Recordemos que, en la antropología hebrea, el alma significa vida; por tanto, los hombres no pueden borrar la vida como tal. Esta certeza orienta a superar el miedo bajo el «temor de Dios», que no tiene su motivación en el horror y terror al infierno, sino en el temor que es comprensible bajo el amor recibido del Padre en su Hijo.
Por último, la superación del miedo está sustentada en la Providencia de Dios que, embellece la vida del ser humano y le recuerda que es corona de lo creado: «¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre […] Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo».
La superación del miedo, entonces, posee tres pilares: la dinámica de la Buena Nueva, el martirio que tiene su solidez en Dios, el Señor de la Vida; y su Providencia que, acompaña, dignifica y embellece. Por lo tanto, el texto es una invitación a superar los contextos de crisis mediante el acto cualitativo de la fe, cuya profesión envuelve todo lo que nosotros somos; y en esta profesión, se encuentra la espiral de la esperanza, que circunda nuestro quehacer cotidiano en la caridad que jamás terminará. Con justa razón, el Papa Francisco escribió: «la santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia» (Gaudete et Exsultate, 34).
En los momentos de crisis donde más somos conscientes de nuestra debilidad; la fe nos mueve en la razón, a adentrarnos en el misterio de Dios para no olvidar su presencia en la vida de cada uno, y en esta memoria, reconocer que, Él es y será quien tenga la última palabra. Pero nosotros, ¿estamos dispuestos al martirio (testimonio) de su amor?

Oración:
Vivimos tiempos difíciles, Señor: nuestra sociedad está bajo el yugo de la narcoviolencia y ahora, sufre por la enfermedad. El desempleo está cobrando como víctimas a familias enteras, y cada vez más, parece que tu Iglesia enmudece, por una pastoral desarticulada y una crisis de formación. Estamos, no sólo en un famoso “cambio de época”, sino en una “época de cambios” que nos están llevando a una crisis más profunda. Por eso, hoy elevamos nuestra humilde súplica a ti, para que, fortaleciendo nuestra fe con la gracia de tu amor, permitas que seamos tus testigos (mártires), llevando tu Palabra en los ambientes donde se está borrando la esperanza. Así sea.

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