Domingo XIV - Tiempo Ordinario - Ciclo A - Koinonia

Revista Koinonía
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Domingo XIV - Tiempo Ordinario - Ciclo A

Domingo XIV - Tiempo Ordinario - Ciclo A

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 47,10-11
Meditamos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo.
Tu alabanza llega hasta los confines de la tierra como tu fama.
Tu diestra está llena de justicia.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo reconstruiste el mundo derrumbado, concede a tus fieles una santa alegría para que, a quienes rescataste de la esclavitud del pecado, nos hagas disfrutar del gozo que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA
[Mira a tu rey que viene humilde hacia ti.]
Del libro del profeta Zacarías 9,9-10
Esto dice el Señor: “Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de júbilo, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y victorioso, humilde y montado en un burrito. El hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra y de Jerusalén, los caballos de combate. Romperá el arco del guerrero y anunciará la paz a las naciones. Su poder se extenderá de mar a mar y desde el gran río hasta los últimos rincones de la tierra”.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 144,1-2. 8-9.10-11.13cd-14
R. Acuérdate, Señor, de tu misericordia.
Dios y rey mío, yo te alabaré,
bendeciré tu nombre siempre y para siempre.
Un día tras otro bendeciré tu nombre
y no cesará mi boca de alabarte. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas. R.

El Señor es siempre fiel a sus palabras,
y lleno de bondad en sus acciones.
Da su apoyo el Señor al que tropieza
y al agobiado alivia. R.

Que te alaben, Señor, todas tus obras,
y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino
y den a conocer tus maravillas. R.

SEGUNDA LECTURA
[Si con la ayuda del Espíritu dan muerte a los bajos deseos del cuerpo, vivirán]
De la carta del Apóstol san Pablo a los romanos 8,9.11-13
Hermanos: ustedes no viven conforme al desorden egoísta del hombre, sino conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes. Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes. Por lo tanto, hermanos, no estamos sujetos al desorden egoísta del hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mt 11,25
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R. Aleluya.

EVANGELIO
[Soy manso y humilde de corazón.]
Del santo Evangelio según san Mateo 11,25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Palabra del Señor.

Reflexión
Pbro. Dr. Manuel Valeriano Antonio

Como todos sabemos, en este ciclo litúrgico, retomamos la lectura del Evangelio según San Mateo. Concretamente, en este domingo, nos encontramos después de un intenso periodo de predicación en Galilea. Sabemos, además, que la fama de Jesús se difundió por toda la región y que llegaban desde lejos para escucharlo y para ser testigos de los prodigios que hacía.
En realidad, los discípulos apenas han regresado del primer envío. Han quedado entusiasmados por los efectos de su anuncio. Hablan de enfermos curados, de demonios que huyen y de gente que desea acoger el Reino. Jesús, al verlos y escucharlos, se sorprende porque sus discípulos son personas ordinarias, humildes y poco habituados a las sutilezas teológicas. En este contexto y a la luz de la palabra de Dios de este domingo, podemos descubrir dos enseñanzas:
Quien debería asumir el evangelio lo ha rechazado. En esta primera enseñanza, la Buena Nueva viene asumido por las personas simples y humildes. Por las personas que se mueven en escenarios de desprecio por parte de fariseos y doctores de la ley. Contrasta con la lógica del mundo porque son siempre los mejores los que vencen; son los astutos quienes tienen la posibilidad estar en los primeros puestos de la sociedad; son los ricos quienes tienen derecho a una vida más cómoda.
A los ojos de Dios, sin embargo, son los extraviados, los afligidos, los perseguidos, los migrantes, los olvidados, los pobres, el centro de la atención. Es claro que el Evangelio no exalta la pobreza como un fin en sí mismo. Sabemos muy bien que existen personas con bastos recursos económicos y sumamente humildes. Y que hay, de manera desafortunada, personas pobres pero mezquinos y arrogantes, soberbios y orgullosos. Lo que el evangelista quiere subrayar es que el sufrimiento, la pobreza, el fracaso y el cansancio, nos pueden colocar en la condición de dependientes, de tomar en serio nuestra vida y de buscar un camino de salvación. En otras palabras, los pobres, los que sufren, son beatos no por su condición, sino por el hecho de que Dios partiendo de ellos busca encontrarse con la humanidad.
La segunda enseñanza se fundamenta en el hecho de que Jesús desvela la lógica del Padre. Los últimos serán los primeros, los excluidos ahora son los protagonistas. Desvela esta lógica y se deja sorprender por ella. Se emociona y se conmueve. Podríamos decir que el Padre ha reservado una especie sorpresa para el Hijo y éste es capaz de admirarse. Sucede como en una sana relación de afecto, donde el amor nos hace creativos, capaces de cumplir gestos que suscitan gozo en las personas amadas.
El problema es que, como dicen los filósofos, hemos perdido la aptitud de asombro. Hemos perdido la sensibilidad a las sorpresas. Quien no quedaría maravillado ante el funcionamiento preciso de nuestro organismo; quien no quedaría maravillado cuando pudiendo no estar en esta vida, descubre su aquí y ahora. Quizá la indiferencia, la costumbre, la rutina han atrofiado nuestros sentidos hasta el grado de que nada nos sorprende.
Unido a ello convine señalar un aspecto que tiene correspondencia con la segunda enseñanza. Jesús comprende que debe cambiar, por así decirlo, su estrategia. Lo hace escuchando a los suyos. Humanamente no existe la capacidad de tener todo bajo control y mucho menos de conocer cada escenario de la vida. Son los otros, en algunas ocasiones, quienes nos ayudan a ver las cosas con mayor profundidad. La confrontación nos hace cambiar de perspectiva y el estímulo para hacerlo viene de las personas que no imaginamos.

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