Domingo XVIII - Tiempo Ordinario - Ciclo A - Koinonia

Revista Koinonía
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Domingo XVIII - Tiempo Ordinario - Ciclo A

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 69,2.6
Dios mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi salvación; Señor, no tardes.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA
Ayuda, Señor, a tus siervos, que imploran tu continua benevolencia, y ya que se glorían de tenerte como su creador y su guía, renueva en ellos tu obra creadora y consérvales los dones de tu redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Vengan a comer.
Del libro del profeta Isaías: 55,1-3.
Esto dice el Señor: "Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18.
R/. Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas. R/.

A ti, Señor, sus ojos vuelven todos
y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas
y cuantos viven quedan satisfechos. R/.

Siempre es justo el Señor en sus designios
y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan;
muy cerca está el Señor, de quien lo invoca. R/.

SEGUNDA LECTURA
Nada podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,35.37-39.
Hermanos: ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 4
R/. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. R/.

EVANGELIO
Comieron todos hasta saciarse.
Del santo Evangelio según san Mateo: 14,13-21.
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.
Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer". Pero Jesús les replicó: "No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer", Ellos le contestaron: "No tenemos aquí más que cinco panes y
dos pescados". Él les dijo: "Tráiganmelos".
Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
Palabra del Señor.

Reflexión
Pbro. Dr. Manuel Valeriano Antonio

Gracias a Dios tenemos una vez más la oportunidad de participar de la Santa Misa de manera presencial. En algunos lugares sobresalió, por encima del ruido y actividades de la Ciudad, el tañer de las campanas como expresión de que Dios es el primero y lo primero. Volver a escuchar las campanas nos recordó que no siempre los instantes son negativos, que a veces basta un instante para ponerse en camino, para retomar la esperanza.
La liturgia de este domingo nos deja al menos tres enseñanzas. Todo ser humano tiene hambre y dado que el hombre no solamente vive de pan, entonces tiene hambre de sentido, de plenitud, de paz y felicidad. Jesús sabe que muchas veces corremos el riego, como los deportados en Babilonia que narra la primera lectura, de contentarnos con el hoy, sin anidar sueños, sin consolidar ilusiones y sin desear nada más. En este sentido, ¡qué bueno es tener hambre!, porque es difícil hoy suscitar el hambre a quien está satisfecho en sí mismo. San Mateo, al narrar el milagro de la multiplicación, alude de manera clara a la Eucaristía. Ésta sacia nuestra hambre profunda. Por eso, ahora que podemos volver a nuestros templos, con los cuidados debidos desde luego, juntos podemos hacer que el domingo sea verdaderamente domingo.
La segunda enseñanza la tomamos del gesto mismo de la multiplicación de los panes. A decir de los que saben, es el milagro que más veces se comenta en la Sagrada Escritura. Vemos una desproporción entre la multitud hambrienta y los pocos panes y peces. El sentimiento que produce este contraste es de impotencia e incluso de desanimo. Sentimiento semejante a quienes esforzándose por comunicar la Palabra de Dios, no conquistan la atención adecuada de sus interlocutores o parecido a quienes buscan colocar, en una Ciudad como la nuestra, gestos de solidaridad y de bien, pero no encuentran eco en ningún escenario.
Este episodio indica, por lo tanto, que la liberación del hombre no depende de él. Que la instauración de la justicia no proviene de sus fuerzas, por que la fe es dejar obrar a Dios. En otras palabras, que la salvación del hombre no es mecánica, sino moral.
La última enseñanza la tomamos de la actitud de los discípulos. Éstos están tentados, por un lado, en ignorar el problema, y por otro, en una especie de indiferencia donde cada uno debería ver por sí mismo cómo se las arregla. En efecto, esta tentación es tan actual que se ha creado una mentalidad donde parece que a nivel humano no hay certezas o inquietudes comunes. En el fondo lo que vale es cada uno siga sus propias convicciones y entonces, como apuntan los filósofos modernos, el hombre de hoy defiende su opinión no porque sea verdadera, sino porque es su propia opinión. Pero Dios no es distraído. Él tiene compasión de la gente. De hecho, Donde Dios está no puede existir la indiferencia. Donde está Él hay humanidad, relación familiar, comunión y comunidad.
El papa Benedicto XVI, a propósito de la compasión, dice que los Padres de la Iglesia consideraban que el mayor pecado del mundo pagano era su insensibilidad, su dureza de corazón. Por eso, convertirse a Cristo, hacerse cristiano, quería decir recibir un corazón de carne, un corazón sensible ante la necesidad, el dolor y el sufrimiento de los demás. Nuestro Dios no es un Dios lejano, continua el Papa, intocable en su bienaventuranza. Nuestro Dios tiene un corazón; más aún, tiene un corazón de carne. Se hizo carne precisamente para poder sufrir con nosotros y estar con nosotros en nuestros sufrimientos. Se hizo hombre para darnos un corazón de carne y para despertar en nosotros el amor a los que sufren, a los necesitados, a los hambrientos.
En este domingo, Cristo nos muestra cómo un poco de pan y unos cuantos peces bastan para multiplicar el sentido de la vida. Como la fe sincera de pocos puede multiplicar la vida cristiana de muchos.
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