Domingo XX - Tiempo Ordinario - Ciclo A - Koinonia

Revista Koinonía
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Domingo XX - Tiempo Ordinario - Ciclo A

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 83,10-11
Dios, protector nuestro, mira el rostro de tu Ungido. Un solo día en tu casa es más valioso, que mil días en cualquier otra parte.

Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones el anhelo de amarte, para que, amándote en todo y sobre todo, consigamos tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Conduciré a los extranjeros a mi monte santo.
Del libro del profeta Isaías: 56,1.6-7
Esto dice el Señor: "Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de manifestarse.
A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi templo será casa de oración para todos los pueblos".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 66, 2-3. 5. 6 Y 8.
R/. Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad y los
pueblos tu obra salvadora. R/.

Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos y
riges en la tierra a las naciones. R/.

Que te alaben, Señor, todos los
pueblos, que los pueblos te aclamen
todos juntos. Que nos bendiga Dios y
que le rinda honor el mundo entero. R/.

SEGUNDA LECTURA
Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección.
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos: 11,13-15.29-32
Hermanos: Tengo algo que decirles a ustedes, los que no son judíos, y trato de desempeñar lo mejor posible este ministerio. Pero esto lo hago también para ver si provoco los celos de los de mi raza y logro salvar a algunos de ellos. Pues, si su rechazo ha sido reconciliación para el mundo, ¿qué no será su reintegración, sino resurrección de entre los muertos?
Porque Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección. Así como ustedes antes eran rebeldes contra Dios y ahora han alcanzado su misericordia con ocasión de la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los judíos, que ahora son los rebeldes y que fueron la ocasión de que ustedes alcanzarán la misericordia de Dios, también ellos la alcanzarán. En efecto, Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mt 4,23
R/. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba la buena nueva del Reino y curaba a la gente de toda enfermedad. R/.

EVANGELIO
Mujer, ¡qué grande es tu fe!
Del santo Evangelio según san Mateo: 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: 'Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros". Él les contestó: "Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel".
Ella se acercó entonces a Jesús y, postrada ante él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!". Él le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos". Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas". Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión: Universalidad y fe
Pbro. Lic. Marcos Rodríguez
El paso de Jesús en tierra de paganos es coyuntural, es decir, no esta en sus planes. Sin embargo, su fama se ha extendido por toda la región. Así se propagó el cristianismo. Los planes de Dios no son los del hombre, y la Salvación está al alcance de todos.
La cananea reta el plan de Jesús. Porque si bien no pertenece al pueblo de Israel, desea que Jesús cure a su hija; no solo lo desea, también lo cree. Esa es la fe que alaba Jesús, el que va del deseo a la acción “que suceda como deseas”.
Podemos reflexionar con estas ideas algunos escenarios actuales:
1. Aquellos que piensan que la fe es para aquellos que siguen ciertos procesos catequéticos-pastorales; las ovejas descarriadas que llamamos “alejados” y que, por medio de esos procesos, “acercamos”.
2. Aquellos que piensan que la fe es “decretar”, “hacer”, como si fuera una fórmula mágica para obtener beneficios.
3. Aquellos que pasan su proceso de fe como experiencia de vida que les exige una relación personal con Dios y en comunidad.
¿A qué escenario pertenecemos nosotros? Somos los que pensamos que tener fe es tener conocimiento religioso sin experiencia de fe. Aquellos que se ponen como jueces para decir quien tiene derecho y quien no de acercarse a Dios. O, por el contrario, somos la comunidad que, por su vivencia de fe compartida, acerca a todos a la salvación traída por Cristo. Son los rostros de una comunidad desfragmentada en ideologías y pastorales sin experiencia. Es la Iglesia que solo tiene un lugar, pero no quien lo ocupe.
El apóstol nos da una solución a estos escenarios y sus retos. Dice en la segunda lectura: “Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia” (Rm. 11,32). Así como Jesús tendió la mano a Pedro para salvarlo entre las aguas, así el hombre manifiesta su fe, como la cananea, para que Dios actúe en medio de su pueblo. Esta pandemia ha descubierto entre nosotros la rebeldía de nuestra fe, ahora abrámonos a la caricia de su misericordia.
Así, la fe nos lleva a la universalidad, para guardar la justicia, para servir al Señor y a los hermanos, y mantenernos fieles a la alianza. Sólo así seremos casa de oración, para todos los pueblos (cfr. Primera lectura)
El paso de Jesús en nuestra vida no es coyuntural, es aquel que está a nuestro lado, que por sus enseñanzas y nuestra relación personal con él fortalece nuestra fe. Con esta experiencia construyamos su Iglesia, donde todos, sin distinción, se sienten acogidos, amados y pertenecientes a la comunidad querida por Cristo.
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