Domingo XXIII - Tiempo Ordinario - Ciclo A - Koinonia

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Domingo XXIII - Tiempo Ordinario - Ciclo A

Domingo XXIII de Tiempo Ordinario - Ciclo A

Pbro. Lic. Esteban Miranda

El evangelio del día de hoy se sitúa en el llamado discurso eclesiológico, que se encuentra en el capítulo 18 de san Mateo. En este discurso Jesús trata de tocar un tema que es fundamental para la espiritualidad cristiana, el saber ser iglesia y por lo tanto reconocer que ser Iglesia conlleva una dimensión sobre la fraternidad.
Este tema ha sido tocado desde el primer libro de la Escritura, el libro del Génesis, en donde se puede apreciar justamente en la necesidad de cuidar al otro, de velar por el otro, de reconocer que el otro tiene un valor importante. Por ello el Génesis hace una fuerte denuncia contra aquellos que están en contra de esta fraternidad, cuando aparece el relato de Caín y Abel, donde se puede ver la ruptura de esta fraternidad, y a partir de ahí el libro narra estas rupturas, hasta que llega a la historia de José que vuele a reunir a los hermanos y se reestablece la fraternidad, Jesús de Nazaret no quede exento de esta realidad, él trata de recuperar el valor de la fraternidad y de hacerla realidad en la vida de la Iglesia. Para ello, en primer lugar es necesario saber reconocer el valor del otro, los otros son importantes y necesarios en la vida de la comunidad, porque el hombre no se construye sí mismo, sino que necesita de los demás para construirse. Jesús toca las características de la vida fraterna poniendo hoy de relieve la necesidad de la corrección la corrección fraterna.
Cuando hablamos de corrección fraterna a veces se puede confundir con regañar al otro o juzgarlo, pero no debe verse de esa manera, Jesús colocará los elementos de esta situación y se pueden resaltar algunos de ellos:
1. Corregir al hermano no significa ser espía del hermano, estar viendo lo que hace y deja de hacer. Jesús nunca dice que debemos espiar, sino que en algún momento nos damos cuenta que el hermano hace algo que puede dañar la vida comunitaria, entonces se le debe de corregir. Pero no porque uno sea un espía del hermano, eso implicaría que uno cae en otro pecado.
2. Hay procedimiento que Jesús marca y que implica la discreción. Jesús dice que hay que hablar con el hermano a solas, no dice que vayamos a decirle a todos lo mal que se porta, porque eso sería difamar, hacer mala fama de lo que el hermano ha hecho y eso es otro pecado. Para corregir se debe empezar con la discreción, cuidando que nadie se entere de lo que el hermano ha hecho mal, pues ante todo está su integridad y su dignidad. Se corrige al otro para que mejore y esté bien a los ojos de los demás, no para hacerlo sentir mal.
3. Se debe de hacer con humildad, reconocer que yo tengo defectos y que trato de ayudar al hermano, no se trata de sentirme superior al otro, porque ello implica una actitud de soberbia y la corrección no puede ir nunca acompañada de ella.
4. La corrección fraterna nunca tiene los roles bien definidos, es decir, no es que yo siempre corrija a los otros y ellos siempre se deben dejar corregir. Entrar en la dinámica de corrección implica reconocer que hoy yo puedo corregir y mañana el otro también lo puede hacer conmigo, porque todos debemos de estar dispuestos al cambio.
5. Se debe de realizar con Caridad, es decir, se debe dar en sintonía de amor, en la que hay que demostrarle que él es Amado y que si lo corrijo es porque es amado por Dios y que intento que él se descubra así, respondiendo a esta llamada de amor.
Por tanto en este domingo el Señor nos invita a sentirnos hermanos y a ayudarnos a corregir, para construir una autentica comunidad como el Señor la necesita. Pidamos al Señor que nos ayude a vivir esta corrección fraterna como él lo indica.
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