Domingo XXVI - Tiempo Ordinario - Ciclo A - Koinonia

Revista Koinonía
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Domingo XXVI - Tiempo Ordinario - Ciclo A

Cometario homilético al Domingo XXVI del Tiempo Ordinario Ciclo A 2020

¿”Siempre no” a la voluntad de Dios o a la mía?

Pbro. Lic. Daniel Tonatiuh Durán
Diócesis de Colima

Existe una frase muy popular en el lenguaje mexicano usada en casi todas las situaciones de la vida cotidiana y cuyo significado -entre otros- es simplemente “cambiar de opinión”. Hablo de la expresión “siempre no”. Es tan usada, que la escuchamos innumerables veces en los diversos ámbitos de la vida: “siempre no voy a ir”, “siempre no me levanté para ir a la escuela (o al trabajo)”, “siempre no me casé”, “siempre no lo compré”, “siempre no lo quiero”, “siempre no lo hice”, etc.
El problema surge, cuando esa expresión intenta justificar la falta de compromiso de frente a las decisiones, la infidelidad a la palabra dada, y manifiesta la propia voluntad. Un ejemplo muy claro lo encontramos en la parábola del evangelio de hoy. El segundo hijo, habiendo dicho sí, se retracta y “siempre no” va a la viña, incumpliendo la petición de su padre y su propia palabra.
Este segundo hijo representa muy bien a los “volubles” e informales, incapaces de mantener su palabra y de comprometerse enteramente a las responsabilidades del compromiso adquirido. Son personas en las cuales no se puede confiar o esperar algo totalmente serio. Lo peor de todo es que muchos católicos tienen esta actitud cuando el sacerdote o el agente de pastoral les pide dar un paso más en el compromiso serio con la fe y al final se niegan.
En cambio, el primer hijo desde el principio se niega a cumplir la petición del padre con un “no quiero” rotundo, pero después cambia de opinión y cumple la voluntad del padre, es decir, hace un “siempre no” a su voluntad y cumple con lo que el padre le ha ordenado.
Este primer hijo representa a todos aquellos que en un primer momento se niegan a seguir a Jesús y cumplir su voluntad. Prefieren realizar sus deseos y caprichos. Son de los que menos esperamos un compromiso real y verdadero, pero, cambian de opinión volviéndose cristianos muy comprometidos. Piénsese, por ejemplo, el católico que nunca va a misa y repente cambia de opinión y lo vemos cada domingo sin falta; o aquel acérrimo enemigo de la Iglesia que de repente se vuele defensor y propagador de la fe; o también aquellas personas con trabajos muy poco éticos (narcotráfico, prostitución, robo, asesinato, etc...) y cambian de parecer, dejando aún lado el oficio detestable que desempeñaban para comprometerse decididamente con la fe.
Pues bien, la pequeña parábola de Jesús hace hincapié especialmente en el arrepentimiento, y arrepentirse es decir “siempre no” a nuestros caprichos y nuestros intereses personales que poco o nada tiene que ver con nuestra salvación y la de los demás, o sea, es cambiar de parecer, volverse, convertirse para comprometerse cada vez más como cristianos.
Un aspecto muy interesante en la parábola es la actitud del padre. Aunque no hay muchos elementos con respecto a él, pero eso es suficiente para darnos cuenta cómo en su actitud no se molesta ni reclama por el cambio de parecer de sus hijos. Eso significa el respeto a la palabra de ambos, haciéndolos responsables de sus propias decisiones, porque lo importante para Jesús es la actitud y el compromiso de cara a la voluntad de Dios. Siempre se puede decir “siempre no” a nuestra voluntad caprichosa para comprometernos de lleno y con verdadero empeño a la voluntad de Dios.
Que María de Guadalupe interceda por nosotros y nos ayude a comprometernos enteramente cada vez más con la voluntad de su Hijo.
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