Domingo XXXIII - Tiempo Ordinario - Ciclo A - Koinonia

Revista Koinonía
Vaya al Contenido

Domingo XXXIII - Tiempo Ordinario - Ciclo A

De prudencia, parusía y administración
Pbro. Lic. Marcos Rodríguez

Nos encontramos en la recta final del año litúrgico y las lecturas de este domingo las podríamos resumir en estas tres palabras.
La prudencia es la actitud con la que nuestro actuar es menos impulsivo. La mujer prudente de la primera lectura se parece a la doncella previsora: es responsable en lo que le toca hacer, sea esperando al marido, sea sirviéndolo. Es la invitación a imitarlas en nuestra vida misma. El cristiano esta llamado a estar siempre en solícito servicio; en estar vigilante en la espera del Señor, que como se nos ha indicado, no sabemos ni el día ni la hora.
La Parusía se entiende como ese retorno del Señor glorioso, que juzgará a vivos y muertos, como lo explicaba Pablo hace ocho días y abunda hoy. “Cuando digamos, cuanta paz y seguridad tenemos, el Señor vendrá como un rayo” El regreso del Señor nos lleva a estar despiertos, en disposición al encuentro con él.
Administrar no es fácil, se requiere de visión, de tener proyectos y prioridades que nos ayudan a logar la meta deseada. Eso es lo que espera el Señor que da los talentos. Si bien recibe los frutos, no es egoísta en compartir las ganancias con los que le rodean. Esa es siempre la actitud del Padre que entrega a sus hijos la herencia; del Rey que otorga porciones de reino, de Dios que nos da una vida para fructificar en y con los demás.
El ser humano en su desarrollo enfrenta los retos de la sociedad que no busca compartir sino esconder; que no es prudente, sino impulsivo, que no vigila, sino se ensimisma, y por lo tanto se encuentra en una angustia constante por lo que será el futuro y la eternidad.
Si tomamos las tres palabras que hemos meditado, nuestra prioridad es el encuentro con el Señor que viene y por lo tanto administramos nuestra vida en fidelidad y prudencia, de tal modo que nuestra vida va más allá de un mero desarrollo de actividades, sino es en miras a nuestra propia santificación. Los talentos son sin duda la gracia que el Señor derrama en nuestra vida de fe, que fructificamos en nuestro día a día.
Las lecturas coinciden también con la Jornada mundial de los pobres, este esfuerzo del Romano Pontífice de que miremos las periferias que en realidad son muy cercanas a nosotros. Ahí es donde podemos poner a trabajar nuestros talentos, donde podemos dar lo que tenemos, donde podemos realizarnos como cristianos y como seres humanos.
Al atender al necesitado, no solo lo hacemos como altruismo, cumplimos la palabra del Señor que nos dice: “en esto reconocerán que son mis discípulos”, y escucharemos las mismas palabras del evangelio de hoy: ¡Bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor”
Que al final del año litúrgico, de nuestro día, de nuestra vida, seamos capaces siempre de poner en movimiento nuestro talento, que es fruto del encuentro del Señor en lo sacramentos y en la relación diaria con el hermano.
Koinonía
Copyright 2020
Regreso al contenido