El Bautismo del Señor - Ciclo B - Koinonia

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El Bautismo del Señor - Ciclo B

Ciclo B
Pbro. Dr. Julio César Saucedo Torres

Celebramos en este domingo el Bautismo del Señor, acompañados por el evangelista Marcos, quien con su habitual sobriedad quisiera envolvernos en la revelación de la identidad de Jesús. De hecho, este será el eje transversal de todo el evangelio: develar la excelsa dignidad del Hijo de Dios que camina en medio de su pueblo. Bajo esta moción, en este pasaje serán Juan el Bautista y el Padre quienes darán testimonio de Jesús, y en este mismo sentir, al final del evangelio, será un centurión romano: «Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios». A continuación, explicaré algunos elementos que nos permitan adentrarnos en la comprensión del texto:

1. El testimonio del Padre: «Tú eres mi Hijo predilecto, en ti me complazco».
Estas palabras están compuestas por dos pasajes del Antiguo Testamento. La primera parte está tomada del Salmo 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy». En un sentido cristológico, se puntualiza que, «la filiación es natural y no sólo jurídica, es total y perfecta» (GIANFRANCO RAVASI). Mientras que, la segunda parte, proviene de Isaías 42, texto proclamado en la 1ª lectura de este domingo: «He aquí a mi Siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco».

2. El descenso del Espíritu Santo bajo la figura de una paloma.
La voz del Padre es acompañada por el descenso del Espíritu Santo. Es interesante que la expresión del evangelista Marcos quisiera que el lector captase el sentido del movimiento: «vio abrirse los cielos y el Espíritu bajar sobre Él como una paloma», reconduciendo con ello a la imagen de la creación (“el Espíritu aleteaba sobre las aguas” cfr. Gn 1,2), y al sentido de la reconciliación y la paz que provienen después del diluvio, anunciadas por la paloma con una rama de olivo. Con estas características es posible apreciar, desde la óptica del evangelista que, con el Bautismo de Jesús se abre una era nueva o en otras palabras, inicia la nueva creación, en la que, el Creador toma el lugar de la creatura.
Bastantes significativas son las palabras del Padre de la Iglesia SAN JUAN CRISÓSTOMO:
«Ahora aparece la paloma no para traer un ramo de olivo en el pico, como en tiempos de Noé, sino para señalarnos al que venía a liberarnos de todos nuestros males y para infundirnos las más bellas esperanzas. Esa paloma no venía para sacar a un solo hombre del arca, sino para levantar al cielo la tierra entera y, en lugar del ramo de olivo, trae a todo el género humano la filiación divina».

3. Del Bautismo de Jesús al don de nuestro bautismo.
El Bautismo del Señor revela un amor único e inigualable de Dios, a tal punto que, el Hijo, Aquel que no cometió pecado, se coloca en la fila de los pecadores. Él no necesitaba ser bautizado, pero en su bautismo abre para todos, la fuente de la vida.
En antiguos bautisterios o baptisterios, el bautismo se realizaba por inmersión, de modo que, se descendía sobre una pila bautismal por medio de pequeños escalones, simbolizando la humildad para dejar al «hombre viejo» y resurgir a la vida nueva dada en y por Cristo.
Sin embargo, esta acción es bastante sugestiva: descender hasta tocar fondo. Siempre habrán momentos en los que tengamos que descender a lo más íntimo de nosotros y “tocar fondo”; lo cual, requiere de un auténtico trabajo de humildad para reconocer la necesidad que tenemos de la gracia de Dios y vivir conforme a nuestra dignidad de hijos e hijas; mas justamente allí donde experimentamos nuestra indignidad, donde tomamos conciencia de nuestros errores, donde estamos desilusionados de nosotros mismos, el Señor nos dona la posibilidad de recomenzar: en Jesús siempre seremos abrazados por el amor eterno del Padre.

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