San Agustín, Sermon 87,2 - Koinonia

Revista Koinonía
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San Agustín, Sermon 87,2

Padres de la Iglesia
«Me he propuesto demostraros que Dios nos "cultiva", y nos "cultiva" como un campo a fin de hacernos mejores. Es el Señor quien dice en el evangelio: "Yo soy la vid; ustedes, los sarmientos" (Jn 15,5). "Mi Padre es el viñador" (Jn 15,1). ¿Qué hace un agricultor? Se lo pregunto a ustedes, que son agricultores: ¿qué hace un labrador? Me parece que cultiva el campo. Por consiguiente, si el Padre es agricultor, posee un campo y cultiva su propio campo y espera obtener frutos del mismo [...].
En consecuencia, dado que Dios nos cultiva, nos hace mejores, puesto que también el agricultor mejora el campo al cultivarlo y busca en nosotros mismos el fruto a fin de que nosotros lo cultivemos. Su obra de agricultor respecto a nosotros consiste en el hecho de que no cesa de extirpar con su Palabra los gérmenes malos de nuestro corazón, de abrirlo, por así decir, con el arado de su Palabra, de plantar en él los signos de los preceptos y esperar el fruto de la vida de fe. Cuando hayamos recibido en nuestro corazón esa acción de Dios que nos cultiva de manera que le tributemos el culto justo, no nos mostraremos desagradecidos con nuestro agricultor, sino que le ofreceremos el fruto con el que estará contento. Sin embargo, nuestro fruto no le hará más rico, sino que nos hará a nosotros más felices».
San Agustín, Sermón 87,2,3; 1,1, passim.

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