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Una breve idea sobre la actual pandemia



"El mañana será mejor porque está en las manos de Dios".
Una breve idea sobre la actual pandemia
Pbro. Dr. Manuel Valeriano Antonio

Como todos sabemos, el terremoto se distingue del temblor por su grado de intensidad. Mientras que este último se define como un movimiento relativamente ligero de la tierra, el primero implica una sacudida violenta de la corteza terrestre. Significa, por lo tanto, que un terremoto gesta consecuencias devastadoras para el ser humano y su entorno. Los que vivimos en la gran Ciudad de México somos testigos de ello.
Esto que se ha dicho de manera muy simple en el campo de la geografía, bien se puede aplicar a la vida espiritual del ser humano. El evangelista Mateo, por ejemplo, habla de dos terremotos: uno en la Crucifixión (Mt 27, 51) y otro en la Resurrección (Mt 28, 2). Con ello, el autor sagrado desea señalar que el discípulo experimenta una especie de terremoto interior cuando descubre, por una parte, la medida del amor de Dios que muere en la cruz; y por otra, cuando es testigo de que el amor es más fuerte que la muerte. San Lucas recurre a la misma imagen (terremoto) el día de Pentecostés, para recordarnos que la intervención de Dios en el mundo conlleva una transformación tan profunda que en la historia se habla de un antes y un después.
También nosotros queremos recoger lo esencial de lo que comprende un terremoto para dibujar, de manera somera y sencilla, la vida que a nivel mundial se ha gestado. Pocos “parteaguas” se han consolidado en la historia de la humanidad, y sin duda alguna, estamos viviendo uno de ellos. En efecto, la pandemia que ha sido como una especie de terremoto global, se ha asentado en la actualidad y ha hecho colapsar algunos elementos de los diversos escenarios  humanos que por mucho tiempo se habían mitificado. Concretamente nos referiremos a cuatro.

El escenario político
El coronavirus ha dejado al descubierto la falacia de un país mejor y prácticamente sin pobres. El eslogan político que sostiene que en el México actual primero son los pobres, ha quedado solamente como una etiqueta externa que envuelve los verdaderos intereses de quienes gobiernan. Es increíble que existan familias que vivan literalmente al día. Y para quien todavía no sepa lo que esto último significa, conviene explicar que “vivir al día” comprende el hecho de que una jornada no laborada, tiene por consecuencia el no tener lo que toda vida requiere de manera indispensable: el alimento.
La riqueza en pocas manos es la única realidad, de manera desafortunada, que sigue en pie. Mientras actores y conductores televisivos nos exhortan a no salir, claro desde sus casas con  alberca y con todos los servicios a la mano, nuestra gente vive en lugares con láminas de cartón, en una superficie de no más de 16 metros cuadrados, prácticamente hacinados y con la preocupación de cómo pagar la renta, la luz, el agua etc.
Hemos palpado con tristeza, y a pesar de la circunstancia tan compleja por la que atravesamos a nivel mundial, cómo algunas personas salen por necedad más que por necesidad. Precisamente, el no tener lo básico para la vida hace la diferencia.

El escenario social
El coronavirus también ha hecho colapsar la mentira social que sostiene una vida personal y comunitaria al margen de los  valores morales. No es verdad que una sociedad tenga futuro sin principios que la fundamenten, más bien tiene mañana solamente cuando custodia el esfuerzo ético de sus ciudadanos y cuando éstos descubren que los valores no tienen fecha de caducidad.
Lo antes apuntado cabe en la esfera jurídica. Si el derecho garantiza las relaciones humanas, entonces debe estar fundamentado en los valores morales para que no sea manipulado, insultado y manoseado. En este mismo rubro conviene recordar que el Estado no puede ser neutro respeto a los valores éticos, por que eso implicaría su falsificación.
Tendríamos que darnos cuenta, por lo tanto, que la esfera olvidada, ignorada y replegada al ámbito subjetivo es la moral. Pero si colocamos el tema ético al margen de la vida del hombre, entonces eliminamos lo genuinamente humano. Los griegos antiguos insistían en que no nos distingue solamente la razón de los animales, sino el sentido moral. No podemos hacer de lo animal la medida de lo humano. En este sentido, reconocemos que la violencia más cruel ha sido la violencia contra los valores humanos.

El escenario científico
Quizá el edificio más lastimado en este terremoto global, es el así llamado progreso. En algún momento de la historia se gestó la ilusión de que la ciencia y la técnica habían encontrado la solución a la muerte, al dolor y al sufrimiento. Hoy nos percatamos que no es así. Ha quedado al descubierto nuestra profunda fragilidad.
Hoy sabemos qué puede prometer el progreso y qué no. Es verdad que la ciencia ofrece nuevas posibilidades para el bien, pero el hombre, en su experiencia histórica, ha sido testigo de cómo el progreso, en manos equivocadas, puede convertirse en un paso terrible hacia el mal . Nuestro querido Papa emérito Benedicto XVI, de manera reiterativa, decía que respecto a la ciencia debemos ser sus protagonistas, no sus víctimas.
Es claro que ni el progreso ni la ciencia pueden ser bienes minusvalorados, no pueden empequeñecerse, ni se puede vivir al margen de ellos. Pero las inquietudes acerca del significado de la vida y de la muerte, del sentido del dolor y del sufrimiento, de la impotencia de los valores fundamentales, son preguntas que el progreso no puede responder.

El escenario religioso
Por último, quisiera señalar cómo se precipita el abuso de la religión. En efecto, el coronavirus desvela que la religión no puede ser un instrumento de engaño. Cuantas sectas presumían de tener la “varita mágica” que solucionaba las diversas inquietudes humanas. La propaganda más aguda  (pare de sufrir) silenció de pronto y los charlatanes dejaron de poseer el don de curación. Se hizo evidente, en algunos ámbitos, la distinción fundamental entre fe y superstición.
El cristianismo es consciente de que la salvación es don de Dios, pero al mismo tiempo   enseña que no todas las religiones son iguales, por que, de manera desafortunada, hay religiones que peligrosamente han instrumentalizado la idea de Dios. En este sentido, nos queda claro que una falsa imagen de Dios conlleva a una falsa imagen del hombre y de la realidad.

A manera de conclusión
Sabemos que después de una catástrofe la vida no es ni puede ser la misma. Intuimos los desafíos económicos, sociales y políticos que se avecinan, y al mismo tiempo, la reconstrucción moral que está a la puerta. No podemos permanecer junto al sepulcro, no podemos dejar que nuestras lágrimas impidan ver que el mañana será mejor porque está en las manos de Dios.

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